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Mis palabras por el Reconocimiento de Acroarte


Inicio mis palabras recordando, precisamente, el momento en que la presidente de Acroarte, Emelyn Baldera, me llamó para comunicarme que me dedicarían la Gala del Premio al Mérito Periodístico. Me dijo textualmente: “Xiomarita tú me dijiste que el 2018 fue tu año, pero yo creo que tu año será el 2019”, ¿y saben qué? Quiero darle la razón a Emelyn. Con mucha propiedad y seguridad afirmo que: ¡Este es mi año!

Nada mejor que recibir este reconocimiento, que no es un simple galardón, es mucho más que eso, porque por primera vez me dedican una gala y qué honor que es al mérito periodístico.

Soy muy cherchera y fiestera, ustedes saben que hablo mucho, pero pararse en un micrófono, delante de tanta gente, para referirme a mí misma, no es fácil, créanme, que me faltaron las palabras, pero dejé fluir mi emoción y las transmití tal y como soy. 
La gratitud en silencio no sirve de nada y es por eso que quiero agradecer este reconocimiento, porque con ello les estoy dejando saber que valió la pena su esfuerzo para evaluarme, valorar mi trabajo y finalmente reconocerme.
He dado grandes saltos en mi vida, la mayoría de ellos bailando, desafiando complacencias, asumiendo riesgos, decidida a cambiar cosas, a escudriñar en mi cultura y atreviéndome a “brincar las tablitas”, pero sin caerme, por lo que a veces pienso que muchos no asimilan esos impulsos que con mucha satisfacción, me traen hasta aquí.
Por modestia, o por falso pudor, algunas personas no son lo suficientemente sinceras al agradecer un reconocimiento, pues yo soy Xiomarita y esta distinción la acepto con humildad, consciente de que me la merezco, esta y muchas otras; es más, pienso que debí recibirla antesÖ de todas maneras, me siento muy feliz.
Realizar sueños nunca ha sido fácil, exige decisión, coraje y apoyo, por lo que no concibo este reconocimiento como individual, pertenece a muchos seres especiales que han marcado mi camino, personas que me rodean día a día con alegría y pasión por los retos que enfrentamos juntos, a mis hijas, nietos y a muchos, que me han asumido como parte de su familia, mi gratitud eterna.
Mi trayectoria y logros no habrían sido posible sin el apoyo sostenido de los medios de comunicación y mis colegas periodistas, quienes siempre han mostrado disposición para difundir mis trabajos, mis inquietudes y mis actividades.
Para entrar en los nuevos tiempos e ir a tono con el lenguaje actual, quiero decirles que esa noche quedará  por siempre grabado en el disco duro de mi cerebro, como uno de los grandes momentos de mi vida. 

No quiero dejar pasar la oportunidad sin agradecer a los que me reconocen cada día: los viajantes del Metro, los “moto conchos”, las guaguas públicas, los taxis o los que simplemente me abordan en las calles, supermercados y plazas comerciales para identificarse conmigo o simplemente para decirme: “Me gusta su flow”.

Valoro cuando me contratan para brindar mis servicios como trabajadora del folklore, maestra de baile, corrección de pruebas, curaduría de contenido, asesoría, consultoría, jurado en diferentes áreas, y los reconocimientos espontáneos que me hace a diario la gente que me sigue en las redes sociales, que comenta, que me hace crítica, que me expresa cualquier inquietud respecto a esta columna Folcloreando o que su prima o hermana que vive en el extranjero quiere conocerme, porque vieron en un Facebook en vivo que mostré una tinaja o una plancha de carbón de la que tenía su abuela.
      
También, los que con mucha vergüenza o respeto desean tomarse una foto conmigo, para enseñársela al vecindario, porque soy famosa en las redes. 

Debo mencionar la sorpresa que me tenía guardada la producción de la gala: el Ballet Folklórico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el que permanecí por 27 años de manera activa, bailando y difundiendo las actividades de manera espontánea y apasionada. ¡Gracias del alma!


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